Dos horas de infarto y otras tantas de fiesta

La población de San Fernando de Henares, de cualquier edad y condición, tomó las calles, plazas y fuentes de la localidad para celebrar que España es Campeona del Mundo de fútbol.

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Nunca antes se vivió algo parecido. A partir de las siete de la tarde, inusual en un domingo de calor infernal, la ciudad salía de la modorra. Cada cual con su sopor se desplazaba al lugar donde vería la final en compañía de familiares o amigos.

Locales y viviendas, como en el resto del país, eran una olla exprés, mezcla de euforia y tensión. A la espera de ese gol que no llegaba, San Fernando a una coreó los "uy", "ains" y "uf". Varios establecimientos sacaron sus pantallas a la calle y mucha gente desfrutó el partido al aire libre. Daba igual, cuando llegó el mágico gol de Andrés Iniesta, nadie pudo ignorar que España había marcado. La ciudad era jaleo y jarana.

Ese tanto providencial, sin tiempo para más, convirtió a esa generación de futbolistas en campeones del mundo. Pero han hecho mucho más. Han hecho feliz a un país -al menos por unas horas- y han conseguido que España y sus colores vuelvan a estar de moda, sin los estigmas políticos.

Bien es cierto que hay quien aprovecha cualquier ocasión para desafiar el civismo. Y no es por la multitud de jóvenes que se bañanaron en fuentes como la de la Plaza de Ondarreta. Es por la de todos aquellos que dejaron la zona echa una pocilga. O los que aprovecharon para lucir banderas franquistas.

En cualquier caso, las notas negativas no pudieron con la alegría local. Familias enteras ataviadas con camisetas de la Selección, pintura de guerra, bufandas y enseñas nacionales; cánticos, saltos, petardos e inistentes claxon. Jamás antes se vio nada igual.

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