Las chicas también juegan al fútbol sala

El Club Femenino San Fernando ofrece a sus jugadoras una formación en valores que se combina con la práctica del deporte dentro de un ambiente familiar y de cantera, a la vez que reivindica un espacio propio en un mundo que para muchos sigue siendo de hombres.

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Invadido por el fútbol 11, el fútbol sala no goza en España de toda la popularidad que por éxitos deportivos se merece. Y si nos colocamos desde la posición del fútbol sala femenino, esa popularidad desciende aún más: la presencia de este deporte es mínima en los medios y cuesta ver entidades que alberguen un espacio para su desarrollo. Pero San Fernando de Henares cuenta con un bastión del fútbol sala femenino en el Corredor del Henares, el Club Femenino San Fernando.

Ángel Zapero es el director deportivo del equipo, en el que ya había estado en escalafones inferiores: “Vi que era bonito a nivel social, a mí me gustan mucho estos temas y me fui metiendo poco a poco. Aunque al principio estaba como entrenador, ya iba haciendo cosas e iba trayendo a gente”. Y se dio cuenta desde el primer momento de que uno de los problemas del club era su falta de visibilidad: “Si querías formar un equipo e ir hacia arriba, había que ir a los pabellones, hablabas con los padres… A todos los sitios que pudieras”. Como ejemplo, el de las últimas Olimpiadas Escolares, en las que se logró contactar con las jugadoras suficientes para formar dos equipos alevines.

Desde el primer momento, se tuvo claro que la dedicación sería exclusiva al fútbol sala: “Siempre hemos querido tener una señas de identidad propias, porque el fútbol sala femenino es el hermano más pequeño del fútbol y cuando los jugadores van creciendo, se quieren ir al fútbol. Por eso metemos esa coletilla, porque somos de San Fernando, de fútbol sala y de fútbol femenino”, indica Zapero. Por lo tanto, se puede decir que torean en la plaza menos concurrida del deporte rey.

Todo este trabajo, en colaboración con la directiva, fue fraguando una nueva mentalidad con el objetivo de convertir al Femenino San Fernando en un club de referencia en el Corredor del Henares y en la Comunidad de Madrid. Y de esta forma, esta temporada ha traído consigo la llegada a la dirección del club “de una serie de personas que pasaron por el club y que tenían ganas de meter unas ideas nuevas”, en palabras de Zapero. Por el momento, aunque la base de las jugadoras es de San Fernando de Henares –una de las condiciones del Patronato Municipal de Deportes para ayudarle con horas de entrenamiento, pistas o subvenciones-, el club empieza a ser exactamente lo que se pretendía, una referencia en lo que al Corredor se refiere, ya que clubes como el Alcorcón, el Navalcarnero o el Móstoles quedan todavía demasiado lejos.

En los inicios del club, éste contaba con dos o tres equipos dependiendo de la temporada, y ahora son ocho los planteles que compiten a nivel federado. Un total de unas cincuenta niñas que se lo pasan bien jugando al fútbol sala y que disfrutan del deporte en su concepto de forma de ocio y de educación.

Un proyecto con filosofía

No obstante, el proyecto es un recién nacido y tiene que llevar a cabo su propia filosofía, que es tener mucha cantera, que las jugadoras empiecen desde pequeñas para facilitar su formación y albergar al mayor número de deportistas. La idea de cantera se combina con el hecho de que las jugadoras más mayores se vayan incorporando como entrenadoras de equipos de categorías inferiores. Este último aspecto es uno de los más importantes y con más prioridad a la hora de sacarlo adelante, aunque solo se podrá lograr si se piensa a largo plazo, tal y como afirma Zapero: “Sería buena idea que esto se diera en el futuro porque una de las funciones que queríamos hacer era la de la fidelización de las jugadores, que vieran que no pertenecían a un equipo, sino a un club”.  Y con ese propósito, las gradas del Polideportivo Municipal se han llenado de futbolistas de categorías inferiores vestidas de naranja –color del equipo- para ver los partidos del sénior.

El caso de Irene Hernández es uno de esos en los que la figura de la jugadora y la entrenadora se une en un todo. Empezó desde cadete y actualmente juega en el equipo sénior a la vez que se encarga de uno de los equipos alevines. Precisamente, este es el primer año que el Femenino San Fernando ha podido hacerse con una plaza sénior, algo que Hernández valora de forma muy positiva: “Si realmente quieres tener un nombre dentro del fútbol sala, hay que hacerlo en la categoría sénior, consiguiendo ahí ciertos resultados. Hasta este año no se ha podido tener, pero ya se va notando”. Y los resultados avalan su opinión, pues a mitad de temporada, las sénior del Femenino San Fernando se encuentran en mitad de la tabla a pesar de formar un bloque muy joven y sin experiencia. Ante todo, Zapero es optimista: “Si hacemos las cosas y ponemos ganas e ilusión, puede que subamos de categoría en unos años y que tengamos más filiales”.

En la presente temporada, los equipos alevines, dado que son las más inexpertas, están sufriendo y se encuentran en la parte baja de la clasificación, pero están mostrando una gran progresión, a pesar de que muchas de las chicas no habían competido nunca a nivel de club. El resto de categorías ocupan plazas mejores en sus respectivas ligas, y es el equipo infantil quién está cuajando una mejor actuación, con una tercera posición y con posibilidades de ganar el campeonato.

Pero de momento, lo único que se les exige, no solo al sénior, sino a todas las categorías, es que se guarden las normas disciplinarias, que tengan un buen comportamiento y que se formen bien. Porque, además de la competición y el deporte, una de las estrategias a seguir en el club es el de la formación de sus jugadoras: “Tiene que ir todo unido, e incluso hay que ser fuertes y tener las cosas muy claras, porque cuando no se educa bien, se pueden ver cosas que te dejan en evidencia, a ellas y al club, y los que dirigimos estas cosas lo hacemos sin recompensa económica, porque nos gusta, y lo que te deja buen sabor de boca es ver cómo van progresando, que cada vez juegan mejor y que se portan bien”, explica Zapero.

Una escuela de valores en la que sus integrantes se forman jugando al fútbol, una modalidad de aprendizaje que se concibe como una de las más sanas posibles y que, paso a paso, lucha por hacerse un hueco en un mundo de hombres. Porque el fútbol sala también es de las mujeres.

 

 

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