Fiestas del PCE. Luces y sombras de un proyecto
José Tomás Castillo Pérez plantea su reflexión ciudadana, al hilo de las fiestas que el pasado fin de semana albergó San Fernando de Henares, sobre un sector de la izquierda política.
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Huele a carne adobada y a cerveza. Huele a día soleado y a jornada de fiesta. El PCE ha celebrado su noventa cumpleaños en el parque, por excelencia, de San Fernando. La Pasionaria rediviva ha acogido las carpas blancas de una alternativa política que tiene las dos caras de la moneda bien definidas, casi como todas las opciones.
Entro en la antesala del evento y salen a mi paso banderas republicanas, insignias rojas y carteles de estética guerracivilista. También me reciben en su seno anuncios de coloquios interesantes, conferencias y tormentas de ideas abigarradas y esperanzadoras. Tengo el corazón a la izquierda, dicen los nostálgicos y los médicos, pero también es verdad que lo tengo partido ante la conjunción de las luces y las sombras.
Si Izquierda Unida, y su "alma mater", el Partido Comunista, no existieran, sin duda habría que inventarlos. Resignarse a la dualidad de semirojos (PSOE) y tardoazules (PP) es un ejercicio de auto-mutilación demasiado costoso para la ciudadanía. En el discurso de Lara, Anguita y Centella despuntan las críticas aceradas, a menudo acertadas, y otras veces manidas, porque de tanto repetirlas se han convertido en un mantra de la izquierda. Son un OM que roza el tópico, que ya nos suena a viejas canciones, pero que no deja de ser el patrimonio informativo de las verdades del barquero: precariedad laboral, altos beneficios empresariales, gente que mira de reojo la aguja de la gasolina y la cuenta corriente, como queriendo ignorarlas. Cuestiones que han tenido, en esta fiesta del PCE, una exposición clara y contundente. La gente en los mítines tiene los ojos verdes por ver algo de esperanza y los párpados rojos por su linaje y por el sufrimiento. En estos momentos, me considero uno de ellos, aunque libre de las ataduras ideológicas de cualquier clase. ¿Hastiado? No lo sé. ¿Decepcionado? Quizá.
El domingo, cuando las luces se apagaban y se podía masticar la tristeza del "pobre de mí", me preguntaba por qué no se han desprendido ya, esta gente, de las adhesiones y admiración sobre Cuba y de tufos antidemocráticos parecidos. Hoces y martillos, quizá incomprendidos, pero que han hecho también tanto daño. Hipotecas que vienen arrastrando, no sé con qué interés, pero con una pesada carga para poder despegar. Es necesaria una catarsis, aunque sea parcial, para poder constituir una alternativa que el ciudadano cabreado, indignado, sufridor, o simplemente coherente, pueda decantarse ante la única alternativa del bipartidismo, que ya caduca.







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