810 kilómetros no son nada
Un grupo de cuatro mayores de San Fernando revive sus experiencias tras recorrer el Camino de Santiago desde Roncesvalles a lo largo de todo un mes.
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Una distancia nada desdeñable, pero que cuatro aguerridos sexagenarios de San Fernando de Henares no vieron como un impedimento para hacer el Camino de Santiago en su vertiente francesa. Porque desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela hay 810 kilómetros. Gregorio Raso (66), José Sanz Rincón (63), Fernando Fernández Chantres (64) y Francisco Acosta (de 63 años, que no pudo estar presente en la entrevista previa a este reportaje), protagonizaron esta hazaña, y desde el 31 de mayo hasta el 30 de junio cubrieron esa distancia, a más de 20 kilómetros de media por jornada. Una historia digna de ser contada.
La idea de realizar el Camino de Santiago nació de Gregorio, un habitual de esta peregrinación: "Cuando me jubilé, decidí que quería hacer el Camino. Yo ya lo había hecho cuatro veces, y mi mujer y mis hijos se opusieron a que lo hiciera solo. En 2010 contacté con Francisco y con José e hicimos el Camino los tres desde León hasta Santiago. Nos gustó y propusimos que al año siguiente empezáramos en Roncesvalles". Este año se les sumó Fernando: "Yo vi lo que hicieron en la revista municipal y conseguí contactar con ellos. Tenía la idea de hacerlo este año y lo he conseguido, con mucha ilusión y ganas". Una jornada normal en el Camino bien puede consistir en levantarse muy temprano, desayunar, ponerse a andar, parar de vez en cuando para beber agua y comer alguna manzana y llegar al albergue. Allí cada uno se va a la litera, se lava la ropa, se ducha y come. Después es obligatoria una buena siesta. Tras levantarse y guardar la ropa en la mochila, hay que ir al supermercado, preparar la cena y el desayuno del día siguiente, según explican nuestros protagonistas.
Dicho esto, parece que no queda tiempo para nada más, pero los peregrinos también sacan sus huecos para el turismo. 810 kilómetros y un mes de viaje dan lugar a muchas anécdotas, como la noche en que Gregorio no pudo dormir porque creía que la persona que dormía en la litera de arriba, "de unos 130 kilos", se le caía encima. O como las conversaciones con los peregrinos extranjeros. O como los ronquidos ("incluso ventosidades", añade José entre carcajadas) de los acompañantes en los albergues. O como el día que José se desmayó y al despertar confundió a la chica que le atendió (otra peregrina, estudiante de Medicina) con un ángel. O, también, como las cenas comunes de los peregrinos, momentos en que todos los grupos están obligados a cantar en su propio idioma si no quieren limpiar los platos.
Pero, ¿por qué se hace el Camino? Gregorio afirma que antes de su sexto Camino solo tenía el pretexto de irse con sus amigos (en otras ocasiones sí tuvo motivos más especiales). Pero José sí lo tenía y se tomó como reto personal llegar a León, una meta que logró con creces. Para Fernando, el novato, lo principal fue la ilusión de empezar el Camino por primera vez y acabarlo. Los tres coinciden en que hay que escuchar el Camino y sus ruidos, congeniar y fundirse con la naturaleza: los animales, los paisajes, las Perseidas, los árboles milenarios… Un conjunto que al que no puede ser ajeno el ojo del peregrino. También destacan que el Camino no tiene por qué tener un pretexto religioso. De hecho, Fernando recuerda cómo una mujer musulmana compartió varias jornadas de viaje con ellos. Además, no es algo barato, como la gente quizás pueda imaginarse. Así, estos peregrinos afirman haber desembolsado unos 250 euros en albergues, y más toda la comida, bebida y demás cosas que pueden surgir durante el viaje la suma puede alcanzar unos 900 euros.
"Los caminos son durísimos y están muy mal conservados. Hay piedras, y eso te obliga a sortearlas además de a hacer la propia marcha. Lo peor de todo es bajar cuestas, con 10 kilos a espalda que te machacan las rodillas", recuerda Fernando. Pero a pesar de las dificultades, cada uno ha disfrutado de los entornos naturales y culturales y tiene su punto fetiche en el Camino. A Gregorio le gusta el Románico y Palencia, y destaca la iglesia de San Martín de Fromista. José prefiere la zona de los Pirineos y Galicia. Fernando, sin embargo, no sabría con cuál quedarse.
En un principio, la idea de que cuatro personas que superan los 60 años completen a pie una distancia de 810 kilómetros puede parecer difícil de creer. Pero ellos afirman que no todo está en la edad: "Para el Camino hay que tener cabeza, es todo mentalización. Nosotros, con la edad que tenemos, lo hemos hecho y no ha pasado nada. Pero hay que prepararse física y mentalmente", apunta José. Fernando también cree lo mismo y asegura que esa preparación es primordial: "Hay que hacer una cantidad de kilómetros andando todos los días, hacer el rodaje a las botas para evitar heridas y esguinces… En resumen, éstas son cosas que ayudan mucho".
La acumulación de cansancio con el paso de los días y los esfuerzos pueden terminar por pasar factura, y a este grupo de valientes sanfernandinos también les tocó. Las ampollas y los problemas estomacales son el enemigo más temido, pero les afectaron otros. Fernando tuvo un desgarro muscular en el muslo derecho el quinto día de peregrinaje y a José le dio problemas una lipotimia por confiar se demasiado y no alimentarse y beber de la forma adecuada. Sin embargo, fue Gregorio el más afectado, ya que tuvo que abandonar en Carrión de los Condes a causa de una rotura fibrilar, algo que define como su "mayor trauma en el Camino". Por otro lado, echaron en falta algo más de apoyo por parte del Ayuntamiento de San Fernando, al que le pidieron unas camisetas para llevar el nombre del municipio por todo el Camino. "Aquí se paga dinero para que algunos mayores se vayan de vacaciones y nosotros pedimos unas camisetas y se nos han negado, algo que nos ha dolido muchísimo", asegura Gregorio.
El final del trayecto y escuchar la misa en Santiago es algo muy especial para los peregrinos, a pesar de que a ninguno le movió la religión para llegar a la plaza del Obradoiro. "Yo no soy de misas, pero al llegar a Santiago y escuchar la misa en la catedral, te sientes realizado, es algo muy especial", admite Fernando. En la misma línea lo ve José: "Llegar a Santiago es lo más grande que te puede pasar, además de relacionarte con otra gente de otros países y ver todo lo que te rodea al caminar". Gregorio confiesa que éste fue el último Camino y que su maltrecha pierna no puede soportar más peregrinaciones, pero José y Fernando se han quedado prendados de él y aseguran que volverán a realizarlo. "Eso sí, con más calma: unos 100 o 120 kilómetros", dice José. Por tanto, no será de extrañar que dentro de un año vuelvan a transitar el Camino saludando a los peregrinos con el par habitual de palabras: "Buen camino".







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Enhorabuena valientes!
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