Vidas que volvieron a ser vidas
Las Jornadas Informativas sobre Alcoholismo de APRA que tuvieron lugar en el Gabriel Celaya reflejaron un año más la dura realidad del día a día de un alcohólico.
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Al comenzar el servicio militar, Óscar Carmona era un chaval como otro cualquiera. No bebía, no fumaba. Tenía las mismas aspiraciones típicas de la gente de su edad. A medida que la mili transcurrió, empezó a salir con personas que sí consumían alcohol y drogas, y comenzó a beber. Al principio casi no se dio ni cuenta, apunta, pero fue el paso decisivo para caer en las garras del alcoholismo, enfermedad contra la que lleva luchando años. Son ya veinte los meses de abstinencia, pero reconoce que "nunca se está recuperado".
La recaída siempre puede estar a la vuelta de la esquina, por eso Carmona se muestra ojo avizor. No quiere volver a permitirse otro error fatal. Óscar es uno de los rostros desde los que APRA (Asociación para la Prevención y Rehabilitación de Alcohólicos) intenta difundir a los cuatro vientos el peligro de una droga legal que es capaz de arrasar no solo con la vida del alcohólico, sino con su unidad familiar y marital y con todos sus nexos de unión con la sociedad.
Por eso la asociación, con sede en San Fernando de Henares y Coslada, celebra periódicamente jornadas informativas sobre alcoholismo para concienciar y prevenir, dos conceptos muy importantes en esta materia. En la última, celebrada el pasado viernes en el centro Gabriel Celaya de San Fernando, Óscar aportó su testimonio para evitar que otros caigan en el oscuro pozo del que él todavía está saliendo.
"El alcohol se convierte en el plan, está integrado en la economía y la cultura, y está presente en todos los eventos, edades y grupos sociales", afirma Silvia Stretti, psicóloga de APRA. Para Stretti, es muy negativo que "la sociedad no considere un problema beber todos los fines de semana". Existe un fácil acceso a las bebidas y no pasa desapercibido el hecho de que España sea el país con más bares por metro cuadrado. Un sector importante es el de los jóvenes, que muestran un acercamiento que roza la peligrosidad en lo que al alcohol se refiere. De hecho, el 76% de los jóvenes admiten haber probado alguna vez alcohol y el 58% reconocen que lo han consumido en el último mes. "Hay que ofrecer herramientas de ocio, desarrollar intereses y diversificar actividades", aconseja Stretti, que destaca la importancia de la prevención, dirigida a las áreas afectiva, intelectual, de ocio, tiempo libre y social.
Xavi San Martín es otro de esos rostros marcados por los efectos del alcohol. Dejó la Formación Profesional por un trabajo que le permitiera costearse la bebida que consumía, cuya cantidad se hacía mayor con el paso del tiempo. "Incluso bebía desde el desayuno", afirma este barcelonés de 43 años, al mismo tiempo que asegura que "al principio éramos dos: la botella y yo. Cuando salía del trabajo me metía al bar en vez de ir a casa, no convivía con mis padres y la soledad desapareció porque me fundí en uno con la botella". Un buen día, una mujer se cruzó en su camino, Conchi: "Algo me dijo que tenía que ser para mí". Dejó su Barcelona natal con sus problemas en la espalda, "aparentando lo que no era y con una maleta llena de mentiras y farsas". Sin embargo, la mentira no aguantó mucho. Tuvo un accidente con el coche y dio positivo. "Dije que había bebido un botellín y que el miedo me había hecho dar positivo", recuerda con remordimientos. En ese momento fue cuando llegó a APRA.
Óscar confiesa que le obligaron a acudir a la asociación. "A todos se lo hacen", afirma. Las cosas se habían puesto feas en casa: su familia conocía de su adicción, estaba en paro y su matrimonio pendía de un hilo. A los 20 días del comienzo de las charlas, su mujer le pilló entrando a un bar. Óscar no recuerda si llegó a beberse esa copa de castellana, solo recuerda que se fue a vivir a casa de sus padres. En ese momento crítico fue cuando se dio cuenta de que tenía que coger la sartén por el mango. Acudió al médico, que le recomendó asistir a muchas terapias. Y de la mano de su madre, no se perdió ni una. Así hasta ahora. "Desde que estoy en abstinencia recupero poco a poco las riendas de mi vida", afirma con un halo de orgullo en los ojos.
Xavi también tuvo otro momento crítico, el día en que Conchi, el amor por el que abandonó su ciudad, le pilló bebiendo. Su derrumbe y su advertencia le hicieron ver la realidad de otra forma, tenía que implicarse y darle la vuelta a la situación. Tras escuchar muchos consejos de amigos e innumerables charlas y sesiones con los miembros de APRA, Xavi se desliga poco a poco, día a día, de ese estigma social que estuvo presente en él durante tanto tiempo. Tres años de abstinencia mediante, es compañero de Óscar en la mesa del Gabriel Celaya, donde relata su experiencia para que otros no pasen por algo así.
Asociaciones eficaces, pero sin recursos
Si Óscar y Xavi pueden contar su historia es por la existencia de una asociación como APRA que les brindó la ayuda que necesitaban. Pero cada vez es más difícil para colectivos como este. "Actualmente, por una cifra de 65 céntimos/día/familia se puede establecer una infraestructura que cobijará a 2.500 familias afectadas, pero no llegamos ni a los 20", asegura Antonio González, presidente de FACOMA, la Federación de Alcohólicos de la Comunidad de Madrid, en la que está inscrita APRA.
La crisis también ha afectado a las subvenciones, y la federación madrileña está empezando a recibir la del año 2009, la última que se les concedió. González sentencia con certeza que el servicio de las asociaciones es algo "escandalosamente barato y de gran eficacia" y calcula que el dinero que se le debe a la federación ronda los 76.000 euros. Por lo tanto, se hace totalmente necesario ayudas por parte de la Administración. Unas ayudas que por el momento no llegan. Unas ayudas imprescindibles para vidas que Xavi y Óscar califican, quizás mirando en el espejo de su alma, como "las vidas que volvieron a ser vidas".







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Estoy con vosotros amigos!!
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