Recuerdos del 23-F
Líderes políticos de San Fernando de Henares y Coslada evocan la fecha en la que peligró la joven democracia española y de la que hoy se cumplen 30 años.
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Hoy se cumplen 30 años del mayor susto que ha sufrido nuestra democracia. De la entrada aquella tarde del 23 de febrero de 1981 de unos tipos uniformados y con tricornios en el Congreso de los Diputados. Del día en que se votaba la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD), quien habría de suceder a Adolfo Suárez. Del gesto heroico del vicepresidente del Gobierno, Manuel Gutiérrez Mellado, y del dirigente comunista Santiago Carrillo, que se empeñaron en permanecer sentados a pesar de las órdenes militares y los disparos al techo. La simbólica soberanía del pueblo, bajo secuestro, y los tanques en las calles de Valencia en un estado de excepción dictado por el teniente general Jaime Milans del Bosch. Un país en vilo por lo que podría ocurrirle a nuestra democracia en pañales. Finalmente, a los golpistas les faltaron los apoyos oportunos y la figura del rey, Juan Carlos I, saldría reforzada de aquel intento que resultó algo chapucero.
La historia se ha contado y recontado y, aún así, son muchas las voces que aseguran que aún no sabemos toda la verdad. Y es probable que así sea porque conocemos lo que procede del testimonio y la experiencia directa. Aún hay testimonios y experiencias que han logrado mantener a salvo sus intereses. Gente que sabía o no sabía, consentía o no consentía, que hizo oídos sordos e incluso que participó en la trama. En cualquier caso, podemos constatar lo que ocurrió después, que fue el principio del fin de una transición hacia la democracia tal y como hoy la vivimos en este país.
Hay una tradición periodística no escrita que impone por estas fechas recurrir al pasado. Fieles a ella, hemos buceado en el recuerdo de algunos de los líderes políticos locales. Independientemente del partido en que militan, son los de mayor edad quienes se trasladan con nitidez hasta aquella tarde del 81. No obstante, todos recuerdan el 23-F.
Probablemente, del crisol político sanfernandino y cosladeño, uno de los que más sufrió aquel día fue el actual alcalde de San Fernando de Henares, Julio Setién (IU): "Nos enteramos inmediatamente por la radio y por llamadas de teléfono. Obviamente corrí a quemar los archivos de la sede del PC, en aquel momento estaba militando en ese partido y dirigiendo una zona muy importante de Madrid, toda la zona sur. A partir de ahí fuimos convocando a toda la gente que podíamos a las puertas del Congreso. Estuvimos en la parte alta de la Carrera de San Jerónimo un número importante de vecinos, de gente, madrileños, como había en el otro lado, en la zona del Palace, otro tanto. Tuvimos una reunión muy rápida de la dirección del PCE y decidimos imprimir una octavilla convocando a la huelga general a la mañana siguiente a todas las fábricas. Me fui a la zona sur, a la fábrica Talbot, que era en aquel momento la antigua Chrysler. Estuvimos repartiendo octavillas para parar a los trabajadores a las seis y media de la mañana en la entrada del turno de mañana y la salida del turno de noche. Pararon muchísimas fábricas de la zona de Villaverde, pero para ya entonces la cosa se había encarrilado. Pero nosotros estábamos haciendo algo que nos parecía fundamental, que es que hubiera una rebelión de la sociedad civil frente a aquello que tenía muy mala pinta, que era realmente un golpe de Estado".
En lo personal, fue más duro. "Me despedí de mi mujer y mis dos hijas con mucho miedo, sinceramente, para qué lo voy a negar, y con muchísima preocupación porque no sabía si iba a volver a verlas. Era un momento que algunas personas, y todas las personas que teníamos alguna responsabilidad sindical y política y, por tanto, que éramos conocidas, sabíamos que podía ocurrir cualquier cosa esa noche. De hecho, a medida que fuimos teniendo noticias de las sucesivas salidas en televisión de la patronal, de su presidente, Ferrer Salat, y del Rey finalmente, claro, aquello parecía que podía encarrilarse. Pero tampoco era fácil porque las noticias que venían de Valencia y de Madrid mismo, donde seguían habiendo unidades de policía militar que entraban al Congreso a reforzar a aquellos golpistas eran muy preocupantes. Para mí, una sensación muy dura pues llevábamos unos años ya de transición, con todas las posibilidades abiertas de avanzar en la democracia, de consolidar muchísimos derechos que estábamos ganando en la calle y en las instituciones, y de repente ver que todo eso podía venirse abajo y dar un retroceso brutal que durara lo que durara, pero que iba a suponer un enfrentamiento en un país que no estaba en ese momento para esos enfrentamientos. Creo que todos, en la medida de lo posible, hicimos lo que hice yo. En la media de lo posible, porque entonces no había móviles ni las comunicaciones que hay hoy, llamando por teléfono a personalidades para intentar que se involucraran, porque lo que sí sabíamos es que las primeras horas iban a ser cruciales. Nos había pillado a todos por sorpresa, pero tenía que haber una respuesta inmediata desde la sociedad civil, sindicatos, asociaciones, etcétera. Los sindicatos se portaron muy bien esa noche. Inmediatamente las direcciones sindicales de Comisiones Obreras y de UGT se lanzaron a las fábricas y grandes centros de trabajo y realmente esa fue la parte que dio más calor, por decirlo de alguna manera, a una noche que desgraciadamente es inolvidable para muchos".
A sus 25 años, el 23 de febrero de 1981 también pilló de improviso a Antonio Murillo (PIC), por entonces compañero de partido de Setién. "Cuando entraron los guardias civiles en el Congreso, me encontraba en mi casa dando clases particulares de matemáticas a tres alumnas de COU. Me llamó mi compañera dándome la noticia y, como es lógico, suspendí las clases. En esos años era responsable de política municipal del PCE en el distrito de Madrid, donde vivía, por lo que la primera preocupación fue contactar con compañeros para poner a resguardo los archivos de afiliados, y después seguir los acontecimientos para ver en qué desembocaban". El concejal de Urbanismo de Coslada insiste en el factor inesperado del acontecimiento: "Lo más sorprendente fue que con tanto rumor de movimientos militares, el 23-F nos pilló completamente de improviso". Y añade, como anécdota, que un mes después empezaba la mili y estuvo "haciendo el seguimiento militar del juicio de Campamento, en la Capitanía General de Madrid".
Ángel Viveros (PSOE), alcalde de Coslada, militaba en las Juventudes Socialistas: "Me enteré de lo que ocurría porque un amigo me llamó a un pub de Coslada, en concreto del Barrio de la Estación, donde pinchaba música. Como es lógico, en ese momento dejamos todo lo que estábamos haciendo y nos pusimos a ver la televisión y a escuchar la radio. Recuerdo, es imposible olvidarlo, que la sensación que tuve fue doble. Por una parte, temor a volver al pasado, a lo que había que añadir que ya estaba metido en reuniones de Juventudes Socialistas, con todo lo que ello suponía; además, no podía dejar de pensar en el hecho de que acababa de terminar el servicio militar, por lo que todavía tener que pasar revista en mi acuartelamiento y, como es lógico, las cosas por allí estaban bastante tensas". Para Viveros fue crucial la aparición del rey, "lo que nos transmitió a todos los españoles, y no me refiero sólo a las palabras que pronunció, sino también a su determinación a la hora de pronunciarlas". En el recuerdo del primer edil cosladeño, un significado especial: "Ese día sustituimos la música por una tertulia extensa sobre política, sobre democracia y sobre España y el futuro inmediato. Acabamos de madrugada. El resto de la noche, ya en casa, como casi nadie en este país, sin poder dormir, la radio se convirtió en nuestra compañera". Tres décadas nos separan de aquella fecha y Viveros admite que ese día y los inmediatamente posteriores "son un compendio de temor y de esperanza. El primero por los recuerdos de cuatro décadas de dictadura; el segundo de los sentimientos por la fuerza de nuestra democracia que, a pesar de ser joven, estaba sustentada en millones de españoles que mostraron unas ansias de libertad que ningún movimiento que añorara el pasado franquista podía o pudo vencer".
Al candidato socialista a la alcaldía de San Fernando, Manuel González Rojo, el 23-F le sorprendió en el trabajo. "Tenía 22 años y en aquel momento me encontraba trabajando en la oficina de la imprenta. Recuerdo que un compañero nos informó de la situación, fueron unos momentos de confusión y preocupación, nos movíamos por el centro de trabajo en busca de que algún compañero tuviera un transistor y escuchamos la noticia que nos dejó estremecidos a todos. A la salida del trabajo fui a mi casa, mi padre siempre ha sido un hombre progresista y comprometido con la política, no estaba en casa y mi madre me comentó que se había marchado con los compañeros de partido y le había dicho que nosotros nos debíamos quedar en casa. Estuvimos pegados al transistor, fue una tarde larga y de angustia, no teníamos noticias de mi padre y decidí llamar a un compañero del trabajo que también militaba en el partido, me comentó que se marchaban a las cercanías del Congreso de los Diputados, quedé con él y con otros amigos y nos marchamos a Madrid, era nuestro gesto en defensa de la democracia". González Rojo (PSOE) coincide con Viveros en recordar con mucho alivio el papel del monarca: "Fueron horas largas y con sentimiento de frustración, ya que aquello por lo que mucha gente de este país había luchado e incluso dio la vida, la libertad, podía reproducir un pasado negro. Después de escuchar por la radio el mensaje del rey nos marchamos a casa y al día siguiente participamos en la numerosa manifestación que se realizó en defensa de la libertad, la democracia y la constitución. Esta última parte fue la más gratificante, habían ganado la democracia y la libertad".
Mucho más inocente es el recuerdo del líder de los populares de San Fernando, Eusebio González, pues era un niño. "Me faltaban unos días para cumplir los 10 años y, con esa edad, apenas eres consciente de este tipo de cosas. Algo que sí se me quedó grabado es que volvía a mi casa con unos amigos y un vecino, bastante inquieto, nos dijo que corriéramos, que los militares estaban tomando las calles. Sin embargo, después de eso, sólo recuerdo que esa tarde estuve viendo la televisión, que únicamente emitía películas antiguas y dibujos y que, además, al día siguiente no tuve colegio, aunque no sabía muy bien por qué". El candidato a la alcaldía sanfernandina por el PP mira hacia el pasado con el alivio presente: "Por suerte, la mayoría de mis recuerdos de ese día son de los documentales que he visto en años posteriores y sólo lo recuerdo como algo pasado y que jamás se repetirá".
Un recién llegado al panorama político de Coslada, Emilio Fayos (UPyD), estudiaba por entonces BUP en el instituto 'María Moliner' del municipio. "Aún no había cumplido los 16 años (…). Mi padre llamó desde el trabajo y dijo a mi madre que nos recogiésemos todos en casa y no saliésemos, porque estaba dándose un golpe de Estado. Yo pasaba por casa ya entrada la tarde y mi madre me hizo subir y quedarme junto a mis hermanos. Recuerdo que pasé toda la tarde-noche asomado por la ventana observando. Por la noche, mi padre me explicó con detenimiento la situación política y el significado de un golpe de Estado. Empecé a comprender la gravedad, no sólo del momento, peor aún, del futuro. En mi casa no era muy habitual escuchar la radio por la tarde-noche, pero ese día mi pequeño y viejo transistor de bolsillo de AM a pilas y color azul batió récord de funcionamiento. Yo no entendía casi nada de lo que decían, pero no dejaba de escuchar. Aún recuerdo a altas horas de la noche levantarme de la cama porque el rey hablaba. Esa noche no dormí". En su retina, Fayos no tiene grabada la imagen de los disparos de Tejero. "Lo que más afectó fue ver a un hombre mayor -Gutiérrez mellado- desafiando a los golpistas armados y cómo se resistía a caer al suelo en el forcejeo. Esa imagen y ese mensaje de valor de Gutiérrez Mellado me ha perdurado toda la vida".







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