Dhikena o la filosofía de las imágenes

La llaman "la fotógrafa de las emociones" y, ciertamente, hablar con Dhikena es explorar un mundo nuevo, un mundo sensible y emotivo en el que cada uno puede ser protagonista de su propia felicidad.

Fotos

Fotografiar y transmitir es el causa-efecto de Pavlov aplicado a la fotografía. Dhikena no transmite, Dhikena sugiere, y cuando alguien sugiere, la mente interpreta. En ese juego mental que es hacernos pensar y generar emociones, esta fotógrafa contemporánea juega con ventaja: el efecto de transmitir le vino dado. Observar una fotografía suya o hablar con ella sobre la vida tienen un punto en común: son ejercicios mentales que invitan a examinar la conciencia.

Haciendo referencia a su última colección fotográfica titulada "El Sonido de los Pretextos", quisimos saber precísamente eso, a qué suena un pretexto. La pregunta le gusta. Reflexiona y finalmente contesta que "un pretexto es un sonido de la mente, es una excusa que solo se oye en la mente, es el lenguaje de la conciencia, es darte cuenta de que estás poniendo una excusa, suena en la mente, solo en la mente". La dificultad de esta reflexión surge en cómo plasmarlo en el papel, pero para Dhikena es sencillo "eres capaz de plasmar cuando lo has vivido o lo has observado en la vivencia de otros, eres capaz de plasmarlo cuando primero entra dentro de ti, lo entiendes, lo vives directa o indirectamente y luego lo vomitas, lo vomitas en una foto, claro".

Dhikena hace filosofía con las fotografías, aunque ella no lo ve así. “No me considero que esté haciendo filosofía, me baso en los grandes maestros, en el estudio de la mente. Lo que trato de hacer es llevar a imagen lo que veo, la vida de la gente, cómo funciona la vida de la gente. Si que es cierto que leo a los grandes filósofos y me sensibilizan. Trato de contar lo que ellos dicen en mis fotografías. Trato de ser un eslabón más en esta cadena para tratar de ayudar a que el ser humano”.

Al igual que los grandes maestros filosóficos, Dhikena puede sentirse en algún momento incomprendida, y es que “con 'El Sonido de los Pretextos' hay gente que se escandaliza ante imágenes que frecuentemente pasan por su alcoba. Puede haber una parte del público que no lo comprenda, pero también otra que no lo quiera comprender. Es cierto que muchos no están educados para comprender el trabajo que yo hago. Estamos educados a que en la vida naces, eres estudiante, buscas un trabajo, te echas un marido, una novia… repites el camino de tus padres y, como tampoco te cuentan que hay otro camino, todos hacen lo mismo. Cuando uno ha sido educado dentro de esta cinta transportadora es muy difícil hacerles entender que todo el poder está en tu mente, que en la vida solo tienes dos opciones: construirte o destruirte, que puedes conseguir en la vida todas las metas que quieras, todas, todas, todas, que todo está en tu mano. Hay gente que le cuentas todo esto y se sorprenden, piensan que eso forma parte de ser artista, esta locura mental. Entonces claro, hay gente que no forma parte de esta empatía, pero siempre hay a alguien que le llega, siempre hay alguien que en alguna foto se siente reconocido. Tampoco es algo que me vaya a hacer crear más o menos obra, a quien le llegue, le llegará y a quien no, será que aún no están preparados para ello”.

Ante este 'tratado para una vida diferente' surge la curiosidad por saber cuándo le llegó a Dhikena ese instante en que se dio cuenta que esa “cinta transportadora” no era la suya, que algo debía cambiar: “Me di cuenta cuando vi que en mi vida no pasaba nada, que era igual año tras año. Es cuando surge Dhikena, cuando crees que algo tiene que cambiar (…). Dentro de ti tienes el pesimismo y el optimismo, durante una gran parte de mi vida opté por el pesimismo y llegó un momento en que decidí cambiarlo por el optimismo”.

Tras observar detalladamente su obra, vemos que sus fotografías comparten algo: un marco, pero no un marco que las rodea, sino un marco que forma parte de la obra en sí. “El marco empezó siendo un elemento en mi trabajo, luego fue cobrando otro carácter y acabó siendo un poco mi elemento significativo, pero no lo fue siempre, te cuento…”. Dhikena se acomoda, sube las piernas y las recoge en su silla, busca el tabaco de liar y continúa. “En 'Galería Serenidad' empecé a rascar la arena de la tumba. Empecé a trabajar la vida del ser humano que vive muerto en vida, porque hay mucha gente que manifiesta exteriormente ser feliz, pero luego por dentro no lo es tanto, ¿no?". Ella apuesta por el equilibrio físico, espiritual y activo… "Hice este trabajo en representación a toda esta gente que tiene la mente muerta. En nuestra cultura o religión, cuando un ser humano muere, se les suele poner una fotito en casa, que a lo mejor nunca ha habido fotos durante toda la vida de ese miembro de tu familia en casa y cuando se muere te ponen la fotito, ¿no? El marco entonces me parecía un elemento muy significativo de la muerte. Enmarco el momento de la ‘no vida’ de una persona. Todos los que estaban enmarcados en esta colección estaban muertos, pero claro, eran muertos mentales, no físicos, y entender ahí la metáfora es un poco más complicado, de ahí que todas las colecciones las apoye con textos, porque si no es muy difícil de interpretar. Ese marco iba encasillando estados mentales. Respecto al marco en sí, fue curioso porque yo siempre me negué a enmarcar mis fotos, siempre iban en un soporte rígido, pero me vi obligada por empezar a formar parte de agencias o ferias de arte contemporáneo y ya me exigían poder transportar la obra con marco. Y así el marco pasó por otra etapa de la vida de Dhikena, que era la protesta por tratar de permitir que mi obra estuviese al tacto de la gente, pero no me lo permiten por conservación de obra. Ese marco que empezó siendo el marco de mis muertos mentales, continuó siendo el marco de mi protesta, que aparece en todas las fotos y al final ha acabado siendo un poco el símbolo artístico. Actualmente lo mantengo como una metáfora del no encasillamiento, no aislamiento, porque todo lo que está enmarcado está comprimido, impide movilidad, impide campo de acción…” La artista sonríe y añade: “Además, son marcos curiosos, porque están rescatados de la basura, los sacó un amigo de la basura y los tengo un cariño tremendo, decoran mi casa permanentemente, el marco solo, sin nada”.

La fotografía artística nace de su mente, pero se antoja imprescindible la comprensión de sus modelos de lo que Dhikena quiere transmitir “los modelos surgen de mi vida diaria, ha surgido así y me va bien porque la gente que viene de agencias traen sus propias poses preparadas y quitaría dinamismo a mi trabajo, pues una colección de cuerpos bonitos y caras bonitas al final quita mucha fuerza al mensaje. Para mí es mejor trabajar con gente de la calle, con sus perfecciones o imperfecciones físicas, con sus quilos de más, con sus quilos de menos… Sí que es cierto que hay fotos en las que necesito un modelo concreto en casos puntuales, pero en general, han sido alumnos, gente de la calle… con los que empatizo. Y con mi claridad mental tengo también claridad verbal para transmitirles lo que quiero y lo que tienen que ofrecerme. Me es muy fácil explicarme porque tengo muy claro lo que quiero, pues si dudo, les hago dudar a ellos y el feeling ya no funciona…”.

Dhikena es profesora de Fotografía en los talleres municipales de San Fernando de Henares y Coslada, donde enseña deleitando y ha creado un universo fotográfico que ya ha cruzado fronteras. El pasado mes de septiembre participó en la OPEN ART FAIR, en Jaarbeurs-Utrecht (Holanda), una de las mayores ferias europeas de arte contemporáneo. Hasta allí llegó con su idioma universal, la fotografía, para mostrar al mundo su filosofía visual con un único objetivo, el de abrir bien los ojos ante la vida.

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